lunes, 25 de julio de 2011

El huésped inesperado

Siempre he guardado las distancias con los animales, me gusta observarlos, estudiarlos, saber cómo se comportan y por qué, pero no tocarlos. Ellos no actuan igual.

Algunos son más "afectuosos" conmigo que yo con ellos.

El otro día lo que parecía una verruga en mi cuello se convirtió en un ser viviente que no simpatiza mucho al humano; no fue hasta cuando engordó que pude notar algo raro, algo que se aferraba a mi cuello, como un náufrago a un trozo de barco flotante...¡tenía una garrapata gris parásita, que sin haberla invitado, me estaba chupando el líquído rojo vital!


Una vez desprendida usando aceite de oliva en un algodón y con un leve tirón, y curado la heridilla con limón primero y alcohol luego, pasó a mejor vida




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